Dos terremotos sacudieron a Venezuela con apenas 39 segundos de diferencia. La dirección de Rodeo I sostiene que la evacuación tomó 20 minutos, pero familiares y reclusos afirman que la espera se extendió entre 40 y 60 minutos
La alarma antes del estruendo
La primera señal fue la luz: bajó de intensidad, se cortó por fracciones de segundo y volvió a encenderse. Después empezaron a sonar las alarmas de los teléfonos. Yovanka Ávila se encontraba en el espacio donde los familiares preparan comida, mientras otros permanecían afuera. En una de las pantallas apareció una alerta con una magnitud de 6,8, cifra que corresponde a su recuerdo y no a la medición oficial del evento.
Cuando el suelo comenzó a moverse, Yovanka tomó a un niño y corrió hacia la calle. Desde las inmediaciones de Rodeo I escuchó vibrar los vidrios, vio moverse los cables y observó cómo oscilaba con violencia una de las estructuras del penal. Su hermano, Henry Berríos, sintió el mismo sismo desde adentro, pero no pudo correr: la puerta de su celda seguía cerrada.
El campamento que espera afuera
Frente a Rodeo I, familiares de presos políticos mantienen un campamento donde hacen vigilia para exigir información, respeto al debido proceso y la liberación de sus seres queridos.
Los dos terremotos, con las celdas cerradas
Henry le contó a su hermana que dentro de los módulos el movimiento se sintió con enorme fuerza, y que los internos temieron que las celdas y el resto de la estructura colapsaran. Sin una salida inmediata, comenzaron a gritar para que los custodios abrieran.
Según lo que Yovanka transmitió, la apertura tardó entre 40 y 45 minutos. Maciel Cordones, madre de José Ángel Barreno Cordones, sitúa la espera entre 45 minutos y una hora. La versión atribuida a la dirección del penal, en cambio, sostiene que la evacuación se completó en 20 minutos.
Estas tres referencias temporales no pueden tratarse como equivalentes. Lo primero es distinguir quién afirma cada cosa; lo segundo, exigir los registros capaces de resolver la contradicción: la bitácora de guardia, los videos internos, las órdenes impartidas, la hora de apertura de cada módulo y el protocolo de emergencia aplicado.
La propia cronología desmiente que la respuesta pueda presentarse como una evacuación oportuna: si los dos sismos ocurrieron con apenas 39 segundos de diferencia, ambos ya habían terminado cuando, según la versión atribuida a la dirección, se abrieron las celdas 20 minutos después.
Los testimonios de Henry y Maciel agravan el señalamiento, ya que ambos ubican la espera entre 40 minutos y una hora. La contradicción no está en si los presos quedaron encerrados durante los sismos (todas las versiones coinciden en que sí), sino en cuánto tiempo permanecieron sin una vía de evacuación y quién respondió por esa demora.
El temblor que continuó después
El peligro no terminó cuando cesó el movimiento telúrico. En una visita posterior, Henry le contó a su hermana que todavía sentía moverse la cama de cemento, que se consideraba traumatizado y que seguía temiendo que la celda volviera a sacudirse. También reportó columnas y vigas fracturadas.
El relato de un preso no reemplaza una evaluación técnica de ingeniería, pero sí basta para activar una obligación institucional: inspeccionar el edificio, documentar su habitabilidad y hacer públicos los resultados. Mantener a personas encerradas en una estructura cuya seguridad se cuestiona exige algo más que una declaración verbal.
Maciel también escuchó los gritos
Maciel Cordones vivió el terremoto desde otro punto de espera. Mientras su hijo José Ángel Barreno Cordones permanecía dentro de Rodeo I, ella estaba afuera y vio moverse las estructuras. Su temor no venía solo de la intensidad del sismo, sino de saber que los reclusos no podían salir de las celdas por sus propios medios.
Según su testimonio, Maciel escuchó los gritos desesperados de los internos pidiendo que los evacuaran. Su cálculo coincide en lo esencial con el de Henry: sostiene que la apertura tardó entre 45 minutos y una hora. José Ángel le habría dicho después que la espera fue de entre 45 y 50 minutos.
Su inquietud también se extendió al estado del edificio. Cordones afirmó que las estructuras quedaron fracturadas y recordó daños previos por incendios que, según le informaron a la familia, habrían sido reparados de forma superficial. Estas apreciaciones no sustituyen un informe técnico, pero refuerzan la necesidad de una inspección independiente y pública.
Después del sismo, otra denuncia
Maciel Cordones denunció además que, tras otro episodio sísmico, funcionarios del Grupo de Respuesta Inmediata y Custodia, adscrito al Ministerio del Servicio Penitenciario, habrían usado gas lacrimógeno y fuerza contra reclusos que se negaban a volver a las celdas. Aseguró que desconocía el paradero interno y el estado de su hijo José Ángel.
Estas son denuncias atribuidas a una familiar y no deben presentarse como hechos plenamente comprobados sin documentos, exámenes médicos, testimonios directos y una investigación independiente. Pero la falta de información oficial también tiene consecuencias: prolonga el miedo de las familias e impide verificar quién está a salvo, dónde se encuentra y bajo qué autoridad.
En el relato de Maciel, la emergencia no termina con la apertura de una puerta. Continúa en la falta de información, en el temor a que una estructura dañada vuelva a moverse y en la imposibilidad de comprobar personalmente el estado de José Ángel.
Andreína Baduel: una espera atravesada por la pérdida
Andreína Baduel, periodista, activista e integrante del Comité por la Libertad de los Presos Políticos, es una de las voces más visibles de una causa que también marcó a su propia familia. Su padre, el general y exministro de la Defensa Raúl Isaías Baduel, murió el 12 de octubre de 2021 bajo custodia del Estado. La versión oficial atribuyó su muerte a complicaciones por covid-19, pero la familia rechazó esa explicación y ha exigido una investigación independiente.
Dos de sus hermanos también estuvieron presos: Raúl Emilio Baduel fue detenido en 2014 y salió en libertad en 2018, mientras que Josnars Adolfo Baduel permanece recluido en Rodeo I. Andreína ha insistido públicamente en que la lucha continuará hasta que todos los presos políticos recuperen su libertad.
La imagen del campamento reúne así dos tiempos: el de quienes esperan una respuesta frente al penal, y el de una familia que lleva años contando días de prisión, aislamiento, visitas suspendidas y pérdidas irreparables.
Responsabilidades que no admiten el silencio
Los testimonios recogidos plantean preguntas concretas que las instituciones deberían responder: a qué hora exacta se abrieron las celdas de cada módulo tras los terremotos, qué protocolo de evacuación se aplicó y quién dio las órdenes, qué daños encontró la inspección estructural y qué organismo certificó la habitabilidad del recinto.
También queda pendiente saber dónde se encontraban José Ángel Barreno Cordones y los demás presos cuyo paradero interno reclamaron sus familiares, y qué medidas tomaron el Ministerio Público, la Defensoría del Pueblo y los tribunales para proteger la integridad y el debido proceso de los detenidos.
La identidad de la autoridad a cargo del penal también necesita aclararse. Familiares, abogados y medios han identificado reiteradamente a Alexander José Martínez Endeiza como director de Rodeo I, aunque publicaciones posteriores señalaron en ese cargo al coronel Maikol Rafael Guevara Grisel. Mientras no exista una Gaceta Oficial, resolución administrativa u otro documento público que lo confirme, no corresponde presentar a ninguno de los dos como director oficial sin esa validación.
La libertad como punto de partida
En febrero de 2026, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, se refirió a las condiciones necesarias para una transición y unas elecciones legítimas en Venezuela, y vinculó ese proceso con una ley de amnistía, la liberación de los presos políticos y la posibilidad de que los venezolanos en el exterior regresen para participar en la vida política del país.
Ese pronunciamiento coloca la situación de los detenidos en el centro de la discusión internacional. Sin embargo, la atención externa no sustituye las obligaciones inmediatas de las instituciones venezolanas: proteger la vida, garantizar el debido proceso, permitir el contacto con familiares y abogados, y responder por lo ocurrido dentro de Rodeo I durante y después de los terremotos.
El derrumbe de la esperanza
Los edificios dañados pueden fotografiarse. El miedo de una persona encerrada, no. Para Henry, el terremoto sigue presente cada vez que cree sentir moverse la cama de cemento. Para Maciel, se prolonga mientras no reciba una respuesta completa sobre su hijo. Para Andreína, forma parte de una historia familiar marcada por la muerte bajo custodia y la prisión.
Treinta y nueve segundos separaron los dos sismos. Después empezaron otras cuentas: 20 minutos según la versión atribuida a la dirección, entre 40 minutos y una hora según los familiares. Y, por encima de todas, la cuenta más larga: los años de quienes siguen detenidos, algunos sin juicio oportuno, sin audiencia, o sin una respuesta capaz de frenar el desgaste de la esperanza.