Vie. Jul 31st, 2026
AME2492. CARACAS (VENEZUELA), 24/07/2026.- Personas trabajan en un edificio afectado por el doble terremoto ocurrido hace un mes, este viernes en Caracas (Venezuela). Los caraqueños han ido retomando sus rutinas paulatinamente entre el miedo, la tristeza y la nostalgia, al cumplirse un mes del doble terremoto de magnitud 7,2 y 7,5 que afectó la zona norte de Venezuela y que ha dejado un saldo de casi 5.400 fallecidos. EFE/ Ronald Peña R

La firma consultora presentó estimaciones de inflación, tipo de cambio y crecimiento del PIB para el cierre de este turbulento 2026

Pese al golpe de los devastadores terremotos que sacudieron con fuerza la región centro-norte costera del país, la economía venezolana cerraría 2026 con un ánimo empresarial moderadamente optimista, según proyecciones preliminares de la firma consultora Ecoanalítica.

En una consulta que la firma realizó en julio entre su red de clientes y socios corporativos sobre cómo ven el desempeño de sus negocios en los próximos 12 meses, 65% respondió que la proyección es positiva y un 9% adicional la calificó como muy positiva.

Esos números contrastan con los de enero, cuando el 79% se mostraba positivo y el 13% muy positivo.

La comparación se vuelve más reveladora frente a octubre de 2025, antes de la caída de Nicolás Maduro y del giro que trajo el nuevo escenario en las relaciones con Estados Unidos: en ese momento solo el 32% veía el futuro a 12 meses de forma positiva y apenas el 2% lo calificaba como muy positivo.

En conjunto, el panorama que se percibe hoy es de optimismo, algo que también se refleja en varios de los grandes indicadores económicos.

Estos hallazgos se presentaron durante el foro Réplicas económicas, el costo de la reconstrucción y el rumbo de la economía, organizado por Ecoanalítica para sus clientes, con la participación de la economista jefe de la firma, Graciela Urdaneta, su director, Alejandro Grisanti, y la consultora en comunicación corporativa y exprofesora del IESA, Valentina Urdaneta.

Grisanti remarcó que, pese al impacto de la emergencia y al contexto político actual, la visión positiva se mantiene, y que una de las variables que más pesarán sobre el futuro será cómo se lleve a cabo la reconstrucción de las zonas afectadas.

Petróleo crece por encima del resto de la economía

Los terremotos no afectaron los centros de producción ni de embarque de petróleo, el motor de la economía venezolana.

Para este año, Ecoanalítica proyecta un incremento de 16,9% en la producción petrolera, por encima de lo registrado en 2025, impulsado principalmente por el sector privado. La firma estima que el bombeo cerrará el año en 1,3 millones de barriles diarios, con una meta de dos millones de barriles diarios para 2029.

Grisanti describió el momento como el arranque de una locomotora petrolera, al proyectar que el PIB de ese sector crecerá 18%, muy por encima del PIB nacional consolidado.

Ecoanalítica plantea dos escenarios macroeconómicos para medir el desempeño de la economía venezolana hacia el cierre de 2026 y las proyecciones de 2027: uno ortodoxo y otro heterodoxo.

Bajo la variante ortodoxa o conservadora, la firma proyecta un crecimiento del PIB total de 5,8% al cierre de 2026, que se aceleraría a 12,1% en 2027. En ese mismo escenario, el PIB petrolero crecería 18,3% este año y 29,9% el próximo, mientras que la inflación cerraría 2026 en 251,5% para moderarse a 55,1% en 2027, con un tipo de cambio oficial del Banco Central que terminaría en 1.062 bolívares por dólar este año y 1.562 el próximo.

En el escenario heterodoxo, en el que el gobierno se aparta de los lineamientos económicos tradicionales, el crecimiento estimado sería ligeramente mayor: 6,6% en 2026 y 13,3% en 2027. La inflación en esta variante subiría a 361,4% este año, para bajar a un todavía elevado 110,9% en 2027, mientras que el dólar oficial cerraría en 1.159 bolívares en 2026 y 1.888 en 2027, y la cotización paralela, medida por la tasa Binance, terminaría en 1.521 bolívares este año y 2.439 el siguiente.

Cómo lidiar con daños económicos por los terremotos

Un estudio detallado de Ecoanalítica midió los daños dejados por los sismos en los sectores residencial, comercial, industrial y de infraestructura, y los comparó con lo ocurrido en Chile, Ecuador y Haití ante desastres similares, países donde los efectos económicos variaron según las políticas aplicadas.

La firma calcula daños conjuntos por 17.074 millones de dólares, aunque los costos de reconstrucción bajo el estándar internacional Build Back Better, que busca dejar la infraestructura mejor preparada que antes en un país sísmico como Venezuela, ascienden a 25.605 millones de dólares.

De ese total, se estiman 11.972 millones de dólares en daños a edificaciones residenciales, comerciales e industriales; 3.821 millones en infraestructura eléctrica; 874 millones en vialidad; 262 millones en sistemas de agua y acueductos; y 102 millones en telecomunicaciones.

El impacto real sobre la economía y los plazos de reconstrucción dependerán de cómo se ejecute el proceso, y de si el gobierno cede a la tentación de financiar ese gasto emitiendo dinero sin respaldo. Los tiempos de reconstrucción también variarán según si el Estado asume el proceso en solitario o lo hace a través de una institución creada para ese fin, con participación del sector privado, organizaciones no gubernamentales y especialistas venezolanos y extranjeros.

Con ayuda económica de los amigos

El estudio subraya que la ayuda internacional recibida hasta ahora, cerca de 630 millones de dólares, resulta mínima frente a las necesidades de recuperación, y que ese apoyo está condicionado a la confianza en el manejo de los fondos.

Los mayores aportes provinieron de Estados Unidos, con 300 millones de dólares, y del Fondo Monetario Internacional, con 200 millones correspondientes a los Derechos Especiales de Giro que le pertenecían a Venezuela.

A esto se suman 50 millones de dólares solicitados por el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, 23,9 millones pedidos por la Organización Panamericana de la Salud, 15 millones canalizados por la ONU a través de la OCHA, 14,7 millones anunciados por China, antiguo principal socio y financista del chavismo, 10,8 millones ofrecidos por Italia, 7,36 millones por el Reino Unido y 5,6 millones por la Unión Europea.

Grisanti planteó que, en cualquiera de los tres escenarios contemplados, y sin importar qué gobierno esté al frente, debería lograrse un porcentaje importante de la reconstrucción en un plazo de tres años. Su mayor interrogante, dijo, es si las autoridades volverán a recurrir a la monetización del gasto, dado el peso que eso tendría sobre el crecimiento, la inflación y la estabilidad cambiaria.

El tipo de cambio

La segunda variable que marcará el rumbo económico durante el resto del año será la decisión que se tome en materia cambiaria.

Grisanti señaló que la tendencia apunta hacia una unificación cambiaria, y que desde hace tres semanas el gobierno y el Banco Central permiten que el sistema financiero decida a quién vender los dólares y a qué precio.

Según el director de Ecoanalítica, estas operaciones se ejecutan a valores cada vez más cercanos a los del mercado paralelo, representado por la tasa Binance. En ese mercado se negociaron en promedio entre 44 y 54 millones de dólares diarios entre el 14 y el 26 de julio, con un total acumulado de 1.225 millones de dólares durante el mes.

Grisanti también advirtió sobre el elevado costo histórico de las restricciones cambiarias: desde que se implementó el control de cambio el 23 de enero de 2003, esa política ha significado para el país un costo acumulado once veces superior al de los daños estimados por el desastre natural. Según sus cálculos, frente a los 25.000 millones de dólares que costaría el terremoto, el control cambiario acumulado durante 23 años le ha costado al país 225.000 millones de dólares.

Apuesta por el crédito bancario

De cara al futuro, Grisanti anticipa una reactivación masiva del crédito bancario, incluso a través de tarjetas de crédito, como ocurría en épocas anteriores de la economía venezolana.

También propuso que las autoridades financieras apliquen una reducción selectiva del encaje bancario, con el fin de orientar esos fondos hacia créditos dirigidos a sectores específicos como la construcción y el sector inmobiliario.

El encaje bancario es la proporción de los depósitos del público que los bancos deben mantener inmovilizada en el Banco Central. En Venezuela se ubica en 75%, una de las tasas más altas del mundo, y el gobierno la utiliza como herramienta antiinflacionaria y para evitar que ese dinero se dirija al mercado cambiario.

Como contrapartida, esa misma política ha convertido a Venezuela en uno de los países con menos crédito disponible para financiar inversión y consumo. Toda la cartera de préstamos bancarios al público con costo apenas alcanza entre tres y cuatro puntos del PIB, mientras que en economías normales esa proporción supera el 40%.

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